Presentan Guerrilleras en Filosofía y Letras

  • Presentan colección de testimonios de mujeres en la guerrilla.
  • El Cubo 200, a cargo del evento y lxs que invitaron a la compiladora.
  • “No nos arrepentimos de lo que hicimos. Rebelarse contra los poderosos que violentan a la mayoría no es un error sino un derecho, y no solo un derecho sino un deber moral.”
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De izquierda a derecha: Astrid Sánchez, Julieta Sandria (estudiantes de la FFyL), María de Luz Aguilar Terrés (excombatiente y compiladora de los testimonios) y Raquel Velázquez (sobreviviente de la dictadura argentina y exiliada política en México). Foto: Alejandro Manzano.

Ciudad de México – Estudiantes que participan en el proyecto del Cubo 200 presentaron Guerrilleras, un libro de testimonios de mujeres combatientes de la guerrilla en México durante los años sesenta y setenta, el jueves 9 de marzo a mediodía frente a la librería Mascarones de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, junto a la compiladora de los testimonios y una invitada sobreviviente de la dictadura y el exilio argentino.

Esta acción cultural se realizó con el fin de apoyar a la recuperación de la memoria histórica del pueblo mexicano, apuntaron, y dentro del marco de las celebraciones por el día internacional de la mujer trabajadora, festejo en el que, sostienen, deben incluirse las historias de las mujeres que a lo largo de los años han luchado contra el sistema capitalista de manera radical.

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Anuncios que pegaron lxs miebrxs del Cubo 200 en la Facultad para promover el evento. Foto: Alejandro Manzano.

“En ese entonces todos jalaban parejo”

Las primeras dos en hablar fueron las estudiantes Julieta Sandria y Astrid Sánchez, que aparecen listadas en los anuncios del evento como estudiantes del Colegio de Filosofía y del de Estudios Latinoamericanos, respectivamente. Les siguieron la compiladora y excombatiente guerrillera María de Luz Aguilar Terrés y la exiliada argentina Raquel Velázquez.

Durante su intervención, Julieta Sandria recalcó que en tiempos de la guerrilla las organizaciones combatientes no hablaban “tan específicamente de la diferencia de género”, pues, explicó, “todos jalaban parejo” ya que “había una lucha superior que los unía, en la que todos cooperaban.” Señaló que en estos grupos las mujeres tenían las mismas labores y oportunidades de alcanzar un rango que sus camaradas varones.

Por su parte, Astrid Sánchez destacó que a veces incluso dentro de las propias organizaciones de izquierdas se intentaba dejar de lado a las mujeres pero que “ellas mismas les demostraban a los compañeros que eran capaces de hacer todo lo que ellos podían, que ellas también podían luchar y ellas también podían hacerse cargo de las responsabilidades de la organización.” Mencionó también que en esos años era común que cuando los líderes varones caían en combate o eran capturados por el Estado fueran las mujeres las que se quedaran a cargo de los grupos guerrilleros y continuaran con la lucha.

Ambas estudiantes hablaron de su admiración por la entrega y valentía de las mujeres cuyos testimonios aparecen en el libro, pues fueron capaces de dejarlo todo (sus familias, sus parejas, su comodidad, su vida entera) para pasar a la clandestinidad y a la lucha armada, con todos los peligros adicionales que esto implica para las mujeres. También señalaron la importancia de conocer estas historias en un contexto en el que los relatos sobre el periodo guerrillero suelen centrarse en los combatientes varones, dándole poca o ninguna atención al papel de las guerrilleras en la lucha.

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“Si ven los rostros en la portada verán que eran muy jóvenes.” Manta que promocionaba el evento y que reproduce la protada del libro, en la FFyL. Foto: Alejandro Manzano.

El largo camino hacia la justicia.

Durante su intervención la compiladora y excombatiente María de Luz Aguilar Terrés ofreció un breve recuento de la historia del movimiento guerrillero en México, que comenzó con el frustrado asalto al cuartel de Madera, en Chihuahua, por parte del Grupo Popular Guerrillero liderado por Arturo Gámiz en 1965 y que se extendió a todo el país en la década y media siguiente. Al explicar las causas que motivaron a los jóvenes de ese tiempo a tomar las armas, destacó dos factores centrales: primero, el haber pertenecido a “una generación muy especial”, que vivió y realizó cambios profundos en la cultura y que no se conformaron con dejarlo en las palabras sino que lucharon también por cambiar la realidad; por otra parte, la cerrazón completa por parte del gobierno y la clase dominante en el país para con los movimientos populares, estudiantiles y democráticos de ese momento. Las demás participantes recalcaron mucho el segundo factor.

La exguerrillera compartió parte de su testimonio de vida: habló de cómo ella se sumó al movimiento estudiantil de 1968, cuando era estudiante de la Escuela Nacional Preparatoria en su plantel 8 (mejor conocido como la Prepa 8). En ese entonces, dijo, ella asistía a las asambleas en la Prepa y en los distintos planteles de la Universidad, como la entonces Escuela Nacional de Economía, donde “nos asombrábamos con los análisis y los discursos de los compañeros… muchos ahora están en el PRD, pero bueno…”

Siguió involucrándose cada vez más en la política radical. En 1968 visitó a compañeros de su escuela que eran presos políticos en la infame cárcel de Lecumberri tras poner bombas en la embajada de Bolivia por el asesinato del comandante Ernesto “Che” Guevara el año anterior. Durante ese año también se sumó a brigadas mixtas de estudiantes, campesinos y obreros que difundían prensa entonces considerada “subversiva” en la ciudad. Contó que en esos años sus compañeras y ella leyeron literatura soviética que hablaba de las hazañas de jóvenes militantes, libros como La joven guardia, Así se templó el acero y La madre. Por ese entonces hizo contacto con “gente que tenía que ver con los que sacaron a Genaro Vázquez Rojas de la cárcel.” Al poco tiempo fue con una amiga suya a una armería, pues todavía existían legalmente y en ellas se podían comprar armas, a comprar una pistola calibre .38 y un par de rifles españoles 38-30. Estos fueron sus primeros pasos claros por el camino guerrillero.

Aunque el movimiento guerrillero inició antes, en Chihuahua, Aguilar Terres resaltó la importancia de la masacre de Tlatelolco en 1968 en el proceso de radicalización de los jóvenes de ese tiempo. “Nosotros pensábamos que después de la masacre del 2 de Octubre el pueblo iba a rebelarse,” comentó, “pero en realidad la respuesta fue otra, la respuesta fue el miedo. Fuimos muy pocos los que nos levantamos en armas contra el gobierno.” Según la compiladora, “fuimos un puñado”, alrededor de 5 mil militantes en 70 organizaciones en todo el país, de los cuales alrededor del 25% eran mujeres, que, sin embargo, “pusimos nuestro granito de arena… con nuestra lucha le arrancamos un poco de libertad a los poderosos… nosotros decidimos salir a mover la rueda de la historia con nuestras propias manos.”

La veterana del conflicto armado habló de un episodio en particular de su experiencia de la represión, en el que soldados del Ejército entraron a casa de sus padres buscándola a ella y a otros compañeros. Relató que los militares golpearon a su hermano y sometieron a su familia a tortura psicológica con “simulacros de fusilamiento”y otros tormentos. Afortunadamente, dijo, su abuelo alcanzó a colocarse en una “posición estratégica” en el camino que ella y sus compañeros iban a tomar hacia la casa y los alertó de que no se acercaran, con lo que evitaron ser capturados.

De otro modo podrían haberse sumado a los aproximadamente 1,200 detenidos-desaparecidos del periodo del movimiento guerrillero. Durante este tiempo el Ejército cometió muchas atrocidades, no solo contra los distintos grupos en lucha sino contra pueblos y comunidades sospechosos de simpatizarles, especialmente en Guerrero que es el estado de la República con más denuncias por atrocidades durante las décadas del 60 y el 70. Hasta hoy en día, declaró, continúa la lucha por que el gobierno reconozca estos hechos como crímenes de Estado.

Esta lucha entró en su etapa actual en 2003, cuando Aguilar Terrés asistió a un encuentro de exmilitantes guerrilleros en el que solo participaron tres o cuatro excombatientes mujeres. Ante esto, las pocas asistentes se reunieron a reflexionar sobre por qué tan pocas mujeres habían decidido asistir y sobre cómo se podía resolver esta situación. Decidieron organizar un encuentro de mujeres exguerrilleras en 2006, en el que participaron 12 compañeras y algunos varones que hablaron sobre mujeres que no sobrevivieron al periodo de combates. En 2008 organizaron un encuentro de mujeres familiares de detenidos-desaparecidos del estado de Guerrero y en 2010 compartieron sus historias de vida en un evento en la capital llamado “De niñas a guerrilleras.”A partir de estos encuentros se fue recopilando el material que ahora integra el libro.

Experiencia continental.

Por su parte, la compañera Raquel Velázquez nos compartió su experiencia como exiliada en México desde 1979 de la dictuadura argentina, la cual se impuso mediante un golpe de Estado en 1976 como medida de la derecha para detener una oleada de reivindicaciones populares. Como no quedaba mucho tiempo, nos habló brevemente de cómo el régimen militar construyó al menos 500 campos de concentración en ese país, incluyendo la cárcel en la que ella estuvo recluída en Buenos Aires junto con otras 1,200 mujeres. Dicha dictadura desapareció a 30 mil personas, entre ellas a 500 bebés que fueron separados de sus madres al nacer y regalados a los militares y a sus familias, mientras que sus madres fueron asesinadas poco después de haber dado a luz.

Recalcó que entonces y ahora los regímenes le apuestan a una táctica doble para combatir la organización social: por una parte promueven el individualismo, actitudes egoístas que nos separan a los unos de los otros y nos impiden actuar juntos; por otra, imponen el miedo en la población con acciones represivas espectaculares. Llamó a los jóvenes a no dejarse caer ni en las actitudes aislantes ni en el miedo que paraliza, así como a asumir nuestra responsabilidad como Facultad de Filosofía en estudiar estos procesos.

Palabras para el futuro.

Al final de la presentación, le preguntaron a las compañeras qué consejo podían darle a los jóvenes sobre qué se podía hacer frente a este sistema político y económico en el contexto actual. Aguilar Terrés respondió que ciertamente las cosas han cambiado: en otros tiempos habría sido impensable presentar un libro sobre guerrilleras en una Universidad como se hizo hoy. También habló de la importancia de varios movimientos sociales que hoy siguen luchando contra el Poder, tales como la CNTE, los movimientos contra las minas y el de los jornaleros de San Quintín, que vienen en caravana y llegarán a la Ciudad de México en los próximos días.

Ese tema le recordó la operación “Asalto al cielo” que realizaron elementos de la Liga Comunista 23 de Septiembre, en la que dirigieron un levantamiento de jornaleros en Sinaloa que fue rápida y duramente reprimido por el Ejército. Señaló que uno de los principales errores de la guerrilla fue aislarse del pueblo, lo que los volvió presa fácil de la represión cuando llegó por ellos.

“Yo ya estoy muy vieja para irme a la guerrilla,” declaró, “nosotros lo hicimos porque estábamos contra el sistema. Ya ustedes sabrán lo que les dicta su conciencia.” Señaló que ella y sus compañeras hoy en día ya no luchan con las armas, pero que no por eso se han rendido.

“Hay muchas trincheras. Busquen la suya.”

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