Crónica chilanga (o los medios oficialistas defienden a los gays)

Crónicas chilangas, 14 de septiembre de 2016:
Cuando la Iglesia quiso aseverarse en la esfera pública (poco después del repunte del PAN), resultó que el Gobierno Federal quedó (prácticamente solo) del lado que defiende los derechos humanos de la comunidad LGBT. Esta situación curiosa (cómica si no revelara el machismo o la cobardía de la supuesta “izquierda”) derivó, entre otras cosas, en que los presentadores de México Confidencial, un programa de opinión de Azteca Noticias, le dedicaron gran parte del programa de hoy a exponer argumentos a favor del matrimonio igualitario.
Para mí, que crecí oyendo a estos hombres vociferar una rabiosa línea política de derechas en los radios de los carros de mis padres, me pareció cuando menos extraño. Pablo Hiriart, porrista no oficial de reprimir a los maestros (tan leal que incluso defendió la humillación de Peña ante Trump), explicó que el matrimonio entre personas del mismo sexo no afecta en nada al resto de la gente. Jorge Fernández Menéndez, acérrimo enemigo de todo lo que parezca socialista o peligroso para el status quo (como, por ejemplo, los profundos conservadores esos de la CNTE), cuestionó la propiedad de que la Iglesia se involucre en temas políticos, especialmente en un país con una larga y dolorosa historia de violencia incitada por el clero.
Pero lo más grave fue que su defensa era absolutamente Neoliberal: al final regresaron todo a que las mayorías necesitan aceptar que la función del Estado es defender a las minorías[1] y, sobre todo y lo más importante, deben evitar emprender “el peligroso camino que lleva a la confrontación con el Estado”.
¿Por qué la intolerancia es mala? Según estos señores (que, debo recalcar, son conocidos reaccionarios y defensores del régimen) es mala porque es lo que desató la violencia que destruye sociedades, como pasó en la Alemania nazi o la Unión Soviética. Ellos, que participan activamente del proceso de criminalización pública de la protesta social, que exigen mano dura contra anarquistas y maestros, que ordenan a su audiencia a obedecer la ley y mantener la calma aún después de las muestras más impactantes de la brutalidad del Estado, ahora critican la movilización de un sector reaccionario, y lo hacen desde la tolerancia (porque, claro, no vaya a ser que lleguemos al extremo de perseguir a la oposición y asesinar a los disidentes, como sucedía en otros tiempos).
Al final del programa, uno de los tres dejó salir un: “¿No será que todo esto es porque ahora la Iglesia va a pagar impuestos?” Si eso es cierto, es un gran argumento, tan bueno que lo podría usar la izquierda institucional, el movimiento comunista o algún grupo anarquista si alguno de ellos quisiera enfrentar a la derecha, evitar su reorganización (al tiempo que se aglutinan ellos mismos) y, sobre todo, defender los derechos democráticos (y humanos) de un sector de la población que, a pesar de lo predominante del estereotipo del gay pequeñoburgués y hipster, estadísticamente suelen vivir en la más absoluta marginalización y pobreza. Los más jodidos y jodidas de entre los pobres, tan ostracizados que ni siquiera hay quién quiera saludar su lucha.
(Véase también: homonacionalismo)
[1] En los Estados Unidos las “minorities” y “majorities” son categorías de las identity politics, pero en la tradición latinoamericana son bandos de la lucha de clases.
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