MATEN A DIOS O SEGUIREMOS TIRANDO BOMBAS

MATEN A DIOS O SEGUIREMOS TIRANDO BOMBAS

A los pueblos del mundo,
A los gobiernos de todos los países,
Al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas,
A los medios de comunicación,
Hermanos,

Últimamente los periódicos del mundo se han llenado con las más poderosas imágenes de las últimas décadas: auditorios en llamas, calles cubiertas de muertos y las plazas principales de las grandes capitales reemplazadas por un ominoso cráter. Al principio, actuamos anónimamente y dejamos indicios aquí y allá de nuestra presencia, más que nada pistas para alertar a nuestros amigos y simpatizantes de que efectivamente se trata de nosotros. Sin embargo, la ya famosa redada policiaca contra una de nuestras casas de seguridad ha precipitado la necesidad de hacer pública nuestra existencia, principalmente para refutar las mentiras que al respecto han formulado los medios de comunicación oficiales y llevar nuestro mensaje a las masas del planeta, entre las que sabemos que contamos con muchos adeptos.

Primero que nada, queremos aclarar que, si bien las siglas cambian según el idioma, nuestro nombre es en todos lados el mismo: la Organización del Pacto Deicida Mundial nació justamente de un documento que todos nuestros miembros han firmado, en el cual nos comprometemos a luchar hasta la muerte por la libertad espiritual del ser humano y por aniquilar al Gran Opresor. Aunque los medios insistan en presentarnos como un grupo marginal, la verdad es que nuestra membresía es inmensa, se extiende por todos los continentes del mundo y solo ha aumentado desde que comenzamos nuestra ofensiva.

También es una mentira que seamos un grupo religioso radical de una u otra fe. En todo caso, es una verdad a medias. En nuestras filas militan personas de todas las religiones y afiliaciones político-ideológicas del planeta, pues lo que nos une no es tanto una pertenencia de tipo religioso sino la firme convicción de que es necesaria e impostergable la tarea de aniquilar al así llamado “Hombre que duerme”, y por el compromiso de tomar cualquier medida necesaria para presionar a los gobiernos de mundo a que asesinen a la susodicha deidad. Creemos que la hora de manifestaciones y mociones parlamentarias ha pasado, y que es claro que los gobiernos del mundo están conspirando para sacarle provecho al famoso descubrimiento, con lo que ponen en peligro el futuro no solo de sus países sino el de la humanidad entera.

Nuestra conspiración comenzó el mismo día que los televisores del mundo transmitieron las imágenes del descubrimiento: un hombre primitivo congelado en un iceberg en la Antártida, descubierto por un barco pesquero chileno. Al principio no nos preocupamos tanto, pero cuando esa misma tarde se dio a conocer el hecho de que no solo estaba su cuerpo casi perfectamente preservado, sino que el aparente cadáver presentaba actividad cerebral ¡y no solo eso, sino que su nivel de actividad era impresionante, iluminaba por completo los espectroencefalogramas y desató un millón de especulaciones sobre su naturaleza! Ese mismo día comenzó la conspiración, ya que sin tener que oírlo pudimos presentir la sombra oscurantista que se cernía sobre el mundo, y a los grandes gobiernos descaradamente dándole alas y permitiendo su ascenso. La Bestia del Pacífico había llegado y, con ella, toda un resurrección perversa de la fe en el planeta.

En tan solo cuestión de días, las calles de toda la Tierra se llenaron de pancartas e imágenes del cavernícola congelado, cada uno integrándolo a la continuidad de su religión en particular o erigiendo toda otra fundamentación espiritual nueva para el  recién llegado. Las teorías iban desde las que suponían que se trataba de algún profeta o maestro perdido, hasta las ya enormes iglesias que lo adoran fervorosamente y aseguran, sin evidencia alguna, que el “Hombre que duerme” no es nadie más que Dios mismo en persona, y que su impresionante actividad mental no es otra cosa más que el acto divino de soñar el mundo, tarea para la que se retiró al silencio del frío donde supuso que nunca sería molestado.

Los que pensaron que se trataba de un fenómeno inofensivo pronto se vieron refutados: en cuestión de meses las nuevas religiones aglutinaron a masas que decidieron elecciones, el futuro político de muchas naciones fue decidido a partir del aparente compromiso de uno u otro partido para participar en las investigaciones sobre el “Hombre que duerme.” Los demagogos de la derecha internacional no podrían haber diseñado una mejor excusa para recortar el gasto público de manera salvaje, alegando que era mundialmente importante que la humanidad encontrara la verdad acerca del posible Dios descubierto. Las escuelas cerraron, las instituciones se vendieron, las pensiones desaparecieron. Todo en nombre de la misión científica mundial.

Es por eso que la Organización del Pacto Deicida Mundial lanza este ultimátum a todas las autoridades involucradas: suspendan de inmediato las investigaciones sobre el hombre que duerme, declárese públicamente que no existe ni jamás ha existido ninguna razón para suponerle identidad divina y, por último pero lo más importante, destrúyase de inmediato el cerebro del espécimen encontrado, para que su naturaleza desoncertante no continúe siéndole funcional a la élite global detentora del Neoliberalismo. De lo contrario, continuaremos nuestra ofensiva, y los pueblos del mundo conocerán en nuestra furia el precio de jugar con Dios.
Por la desaparición del oscurantismo y el capital,

Por la verdadera e incondicionada libertad de culto mundial,

Por el fin a las políticas planetarias de austeridad,

Organización del Pacto Deicida Mundial
Tenochtitlán, Pueblos Unidos de México, 24 de diciembre de 201X

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