Diez posibles razones por las que esos tacos estaban ahí

Hoy a las nueve de la noche iba caminando del metro[1] a mi casa y me topé con un plato desechable rectangular con unos cuatro o cinco tacos (estilo defeño: doble tortilla de maíz, algún guisado y no-sé-por-qué-tanto cilantro) que descansaba sobre la base de un poste, la cual es una cosa sorprendentemente difícil de describir: ciertos postes que en el DF son en realidad dos columnas metálicas que parten de una base de concreto cuadrada, de más o menos medio metro de altura y un cuarto de grosor, sobre la cual hay una placa de metal por razones que, al igual que estos últimos tres renglones, poco o nada tienen que ver con el objeto de este texto más allá de hospedar sobre sí al plato de tacos que tanto me sorprendió hace rato.

A esa hora casi no había nadie en la calle. A la izquierda del poste había una camioneta pick-up verde con la cabina cubierta con uno de esos techos removibles; a la derecha, rejas negras que resguardan un vecindario que imagino semiexclusivo.

Desde entonces mi mente se ha concentrado en resolver el problema de por qué estaban esos tacos ahí. Cabe mencionar que todos ellos estaban intactos. Me pareció en su momento que uno de esos tacos destacaba de sus pares y tenía los bordes levantados.

Con los hechos sobre la mesa y, dando por obviados los conocimientos teóricos básicos referentes al taco, solo queda exponer los resultados de esta ardua y apasionante labor: las diez razones posibles por las que esos tacos estaban ahí. Espero con ansias conocer las opiniones e hipótesis divergentes o complementarias de quienes tomen la extraña decisión de leer esto:

  1. Alguien empezó a comerse esos tacos y no le gustaron. Como esta persona tiene poco control sobre sus impulsos y es más bien irresponsable, simplemente dejó los tacos sobre el poste y se fue caminando a otra parte.
  2. El comensal se dirigía hacia el metro, preparándose para una larga y penosa travesía. Con dolor en su corazón, abandonó a sus tacos para ahorrarse los inconvenientes de comer apretado en el vagón atestado. Sin embargo, procuró depositarlos en un sitio donde algún alma hambrienta pudiera aún sacarles provecho. El dueño original espera que esa alma pase antes de que los tacos se pudran y sea demasiado tarde.
  3. Un equipo de psicólogos espera en una de las casas de la vecindad, en contacto por radio con otro psicólogo dentro de la camioneta. Se trata de una prueba de asertividad y curiosidad. Quien tome los tacos será abordado por ellos (primero el del carro para retenerlo en lo que llegan los otros), quienes procederán a aplicarle un cuestionario relevante a cuestiones propias de la ética (¿por qué se comió los tacos de otra persona?) y la desesperación del sujeto (¿cuándo fue su última comida?). Los resultados se publicarán en junio de este año pero pasarán décadas para que se aprecie y comprenda su verdadera importancia.
  4. Al señor que se comía esos tacos se lo llevaron los aliens.
  5. Hace diez años un hombre murió en un accidente automovilístico en ese poste. Cada año, sus hijos le llevan sus tacos favoritos para que descanse contento.
  6. Un joven ve a su amigo del otro lado de la calle y lo saluda a gritos. El otro lo ve y decide ir con él a platicar frente a frente. Deja su plato de tacos en un poste cercano y empieza a caminar. Le gustan mucho los tacos, esos están muy ricos. Decide mejor regresarse por ellos y por andar pensando en tacos pasa un camión de pasajeros RTP “Servicio Expreso” a toda velocidad y lo atropella. En la conmoción que sigue a nadie se le ocurre recoger los tacos.
  7. El agente está a punto de comerse sus tacos (ya tenía uno en la mano) cuando un carro negro con placas diplomáticas se estaciona junto a él. Estoico, el veterano de cien guerras secretas deja su comida sobre un poste sin agitarse. Se yergue, arregla su camisa y entra libremente en el vehículo: sabe que si ya lo encontraron una vez lo volverán a hacer y, de todos modos, no hay nada que puedan inventar en sus mazmorras ocultas que él no haya visto y hecho mil veces ya. Con todo, el equipo de interrogación más despiadado lo conforman sus propios demonios internos.
  8. Alguien salió corriendo porque se le hizo tarde (discúlpeme el lector por permitirme esta diversión: sé que resulta ocioso e inverosímil considerar que alguien dejaría sus tacos intactos por más prisa que tuviere).
  9. “Pero, amor ¡ya sabes que mis amigos son todos veganos! No puedes entrar con eso y… ya vamos tarde. Los vas a dejar aquí ¿verdad, amor? Ay, eres bien lindo. Vas a ver que les vas a caer muy bien.”
  10. 24 de abril de 2015. México, Distrito Federal. El experimento ha sido un éxito. El sujeto demostró exactamente los rasgos predichos y llevó a cabo su función en tiempo récord. A estas horas ya se ha confirmado que no sospecha nada (hasta postuló que se trataba de un experimento distinto) y realizamos el análisis psicolingüístico-gramatical de la entrada para determinar cómo proceder con la fase 2. Esperen nuestro siguiente informe a brevedad.

[1] Nunca he entendido esta construcción: llamamos “metro” a cada estación del metro, cuando se trata de abreviar “tren metropolitano”. Sé que “estación del metro” es largo, pero ¿por qué no solo “estación”? ¿Por qué no surgió “esta”?

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