San Quintín, Baja California

Torre de humo sobre la barricada
Humareda
Maderos, llantas y fuego
El policía acorazado y negro
El escudo con rasguños y el tolete más pesado
Frente a jornaleros
	Embravecidos que no se agachan
		            Que no se apocan
                                         Que no lo esquivan
	Gente del pueblo y del polvo y de la sangre que lo miran de frente
					                     Que lo retan
						             Que lo insultan
 						             Que lo niegan.

San Quintín es una pintura que nos llega de otros tiempos:
Tiempos que están volviendo,
Tiempos como los nuestros.
Una imagen de una historia
     Que nos dijeron que había acabado.
Síntesis de una gran narrativa
	Bien contada y bien compuesta:
		(A la izquierda: la barricada,
	El humo y el fuego.
		Derecha: la oscura silueta
	Del policía,
		Junto a él un soldado
	De las pesadillas de América Latina.
		Y en el centro de todo un obrero
		Un alzado
		Un rebelde
		En el centro de todo un guerrero)

Los muertos sonríen y los escuálidos no lo creen
	(No se quieren ni arriesgar a creer):
¡Indios del campo que se saben obreros!
    ¡Pueblo unido!
	Eso que no cabe en sus discursos
		    	   Refinados
                       Importados
                 De separación.

Solidaridad,
           ¡Huelga!
Los académicos de la desintegración y la parálisis
No admiten semejante estridencia
        (Prognosis: acepten los jornaleros de San Quintín su maltrato
		Y canalicen sus reclamos a las instituciones correspondientes).

Ejército de jodidos sin miedo a la disciplina
Ni a su propia fuerza.
Gente tan pobre y tan aguerrida
Tan proletaria
Que no cabe en su asquerosa y sacrosanta posmodernidad.

Los jornaleros son
       Avalancha
	Raudal
	     Tormenta.
Como están juntos
     Y como no se rajan
Asustan a los dueños que lanzan mazos
				  balas
				  cámaras
				  y plumas contra ellos.

Los heraldos del futuro gimen y lloran en los cuartos ocultos de los cuarteles.
La máquina se defiende con todos sus recursos.
Los cuerpos se amontonan y estropean el engranaje.
Las almas nunca fueron algo tan simple
			        Como una cosa invisible que se va al cielo.
	El alma de San Quintín es su pueblo que lucha
			            Es su futuro
			            Es su destino
				Escrito en el centro
				Del puño cerrado y el ceño fruncido
				    (La rebeldía es el secreto escondido
				     En el dolor de los pueblos;
				         El punto de tanto sufrir
				           En mi enorme y humilde opinión
			 	         El punto de tanto sufrir
					   Es que habrá Revolución).
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